Hace unas semanas que mi vida está del revés. Semanas que podían pasar lento o despacio, como en el resto del año, pero que decidían pasar infinitamente despacio, no sé si con motivo de buscar en mí un castigo que haya buscado por algo (aunque tengo demasiados pecados que confesar, muchos de los cuales debieran o debiesen ser castigados, sin duda) o por el simple placer de escuchar de mis labios: "Corred, pasad, hacedme olvidar".
El caso es que fueron semanas asquerosas, bonitas, odiosas, perfectas. Semanas lógicas y de cordura inexistente a la vez, semanas con dos lunes, y tres, y sin ningún viernes o sábado. Semanas que se quedaron dentro de mí, y se quedarán si nadie lo remedia dentro de mí por y para siempre.
Y claro, yo me volvía loco.
Por mi cabeza pasaban muchas cosas, muchas palabras, muchos sentimientos, mucho cariño, mucho miedo, mucho odio, mucho dolor, mucha alegría, muchos latidos que latían por nadie. Incongruencias de lo más brutal, árboles que nacían de las llamas, y llamas que flotaban en el mar. El cielo era gris aún cuando había sol, y a veces la lluvia le arrancaba fogonazos de luz que iluminaban mi cara por las mañanas. Las canciones se me atragantaban como nunca, y yo procuraba ocupar mi mente con alguna otra cosa, pero era difícil. Mi voz sonaba mejor que nunca, porque cantaba para alguien, pero mis letras eran negras unos días, blancas otros, gama intermedia de grises siempre.
En mi cabeza habitaban ideas, disculpas (que a veces me hacían pensar si no estaría perdiendo realmente la cabeza), y convirtiendo mi cuerpo, mis sentidos, en una tétrica balanza en la que el punto medio era imposible de alcanzar, y lo peor de todo, era que yo lo sabía.
Se invirtieron mis neuronas, mis ideas, mis pensamientos, hoy que es lunes. Hoy, en cambio, martes, volvían a ser como anteayer, domingo. La pausa no existía, y en el epicentro de todo, siempre lo mismo, siempre las mismas palabras, siempre los mismos sentimientos, siempre el mismo cariño, siempre el mismo miedo, siempre el mismo odio, siempre el mismo dolor, siempre la misma alegría, siempre los mismos latidos que latían por nadie.
Navegué en mares con olas que me triplicaban en altura (algo que tampoco es muy difícil), solo, en busca de la tierra prometida, de un punto en medio del mar de náufragos en el que me hallaba, con fondo cadavérico y cielo inalcanzable.
Me volví loco.
Mis neuronas albergaron todos los sentimientos del mundo a la vez, y mis canciones solían terminar en cuatro o cinco lágrimas, porque nunca he sido, por desgracia, de lágrima fácil, con lo que ayuda a calmarse eso.
Y yo contra el mundo, aunque suene ridículo, o parece que peque de modestia (que así es, pero no ahora mismo), luchaba por levantar la bandera de mi vida.
El tiempo pasa, y nada es lo mismo, ni siquiera prometerme que todo sería lo mismo ha servido para que lo sea.
Y aquí estoy yo, aprendiendo a sanar, sin la menor idea de como sanarme. Luchando por algo que no busqué y me encontré, con más lágrimas contenidas que sonrisas por dibujar, con más latidos acelerados e hipertensivos que relajados. Volviéndome loco, con una cordura lúcida, eso sí, para seguir convirtiéndome en el médico que no se sabe sanar.
Las manos tersas, correosas del trabajo con redes, del contacto con los peces caídos, del calor y el frío en continuo cambio, decidieron contar los viajes que vivieron, las aventuras que podían verse desde el camarote. Y comenzar con la más profunda de las inspiraciones: sirenas con las piernas de neón.
miércoles, 23 de enero de 2013
jueves, 17 de enero de 2013
Nada.
No soy nada, ni nada fui. Nada más que aire, un juego, un sueño. Nada. Nada que quede para siempre, simplemente soy nada. Absoluto vacío. Sin límites. Nada, tras nada. Un blanco impermeable que no deja escapar nada, porque nada guarda, porque nada es. Nada, no soy nada, ni nada fui.
Nada.
Nada.
sábado, 22 de diciembre de 2012
Rima XLII Por querer...
Quiero, por querer,
que la música no se acabe nunca,
que seas tú quién me escucha,
que mi voz te pertenezca,
mientras te beso suave,
en la nuca.
Mi voz,
que es mi mayor orgullo,
tuya,
porque eres el mejor arrullo.
Mi voz,
mía,
tuya,
en tu boca,
poesía.
Quiero, por querer,
que los límites tiendan a cero,
por una vez,
supuesto ejercicio teórico-matemático,
sin alterar órdenes, ni espacios,
ni vórtices, ni tempos,
ni sonidos, ni latidos.
Quiero, por querer,
que el cero tuyo y mío
sean el mismo.
Que tú en tus dimensiones,
y yo en mis frecuencias,
seamos uno.
Mis frecuencias,
cardíacas,
sonoras,
tuyas,
para que hagas con ellas,
lo que quieras.
Lo que quieras,
porque, por querer,
querría poder decir:
"No me importa"
Y sin embargo,
sé que sabes que sé
que lo que pienso es
"Cógelas".
Mi voz y mi frecuencia,
que por querer,
querría que fuesen solo
regalos tuyos,
en mi ausencia.
Quiero, por querer,
que me quieras,
pero sé,
por regla de tres,
el porcentaje cero
de que pueda suceder.
viernes, 21 de diciembre de 2012
Débedas.
"Non sei xa se contigo ou sen ti. Porque cando non es ti, é o teu recordo, e o meu corazón, taconeando, que nunca quere ir amodo. E se é sen ti, os reloxos xóganme continuas malas pasadas, porque só ti es ti.Morro contigo e sen ti, de igual xeito que un alcohólico ou un fumador con ou sen a súa droga.E o miocardio non volve nacer, non é eterno."Quérote", e suponse que non. E non sinto máis que dor, corazón. Porque as miñas catro cavidades cardiacas están ocupadas contigo, e ata iso de ser sanador vólvese menos atractivo se un non é quen de sanarse a si mesmo.
Só podo pedirte unha única cousa: bótame de menos, ó teu xeito.
Eu, que nunca pretendín nada, que nunca soñei máis aló do que significa pisar Broadway, puiden elevar uns centímetros os pés, e pese a todo, foi grazas a ti. Porque nunca quixen que se rompese o meu corazón, só que se tomase un "break".
Os 3 caracteres propios irán comigo sempre, con ou sen colesterol".
miércoles, 19 de diciembre de 2012
Las palabras que nunca debí escribir.
"Porque me duele respirar más que dejar de hacerlo. Porque nunca hemos jugado con la misma baraja, y ahora, ni siquiera hay revancha. Porque yo te quiero, y a ti todo te da igual.
Y que todo siga como antes, no es una necesidad, es un imposible".
Until my dying day.
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No sé si es peor que las palabras existan, que sea capaz de darles forma, o que verdaderamente piense que es lo que más me ejemplifica, lo que muestra qué soy, quién, y los minutos que dedico al día a todo esto que me supera poquito a poco, y fuera todo va bien.
Apuntador, deme la voz, para destrozar mi garganta, y no vuelva a hablar jamás. Porque decir cualquier cosa, sería mentir.
Jugué conociendo las normas, y me las salté, y ahora pago las consecuencias. Acción-Reacción. Y yo muriendo, más que menos. Porque lo que más me mata es conocerme como me conozco, y saber que siempre voy a estar dispuesto a ser el hombro que sirve de apoyo, a ser el que seque las lágrimas, el eternamente oculto confidente, aunque a ti ya no te haga falta. Aunque a ti ya todo te da igual.
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A veces creo que crear personajes será la más fácil tarea a la que me enfrente cuando escriba algo parecido a una novela.
lunes, 12 de noviembre de 2012
Rima XLI. El amor entre el mar y la arena.
Si me buscas,
no mires en mapas
ni planos (o planes).
Mueve el océano si puedes,
porque soy hijo del mar,
con espíritu de tormenta,
con alma de atardecer. No soy persona;
soy poeta,
a quién los versos
hicieron enloquecer.
Si me buscas,
bucea en mi alma,
con calma.
Deja que te abrace
entre olas y sales;
solo te daré bienes,
lejos quedarán los males.
Recuerda que no soy persona,
ni hombre, ni sombra.
Me gusta por el mar
dejarme mecer.
Soy un simple poeta
a quién los versos
hicieron enloquecer.
Y si me encuentras,
ni sombras ni olas,
ni sales ni rocas.
Por fin serás, arena,
más que la que espera
sin desesperar,
la que recibe más besos que nadie
por parte del mar.
No serás ya,
la que es besada
de pasada.
La que es apartada,
borrada,
vapuleada por el mar.
Serás la reina de los versos,
del poeta que rima sin rimar;
dueño de besos muertos,
besos llenos de sal.
Y recuerda, mujer:
"No soy persona,
soy poeta,
a quién los versos
hicieron enloquecer".
miércoles, 31 de octubre de 2012
Rima XL: Declaración de intenciones.
Llévame lejos,
dónde nadie me encuentre nunca,
para que solo tú puedas llegar a dónde estoy.
Y si aun así alguien me encuentra,
ni señas ni retratos,
ni nombres en la historia grabados
harán que caiga en mi empeño de esperarte siempre.
Para que disfrazados de otros,
encontremos a nuestro lado
el lecho perfecto que la Poesía creó para nosotros.
Llévame sin dudar a dónde
no existe ni el frío ni el calor,
el invierno o el verano,
el miedo o el engaño.
Contigo, de la mano,
a un mundo por ti pensado,
del que tú tengas la llave única
y yo sea el único invitado.
Llévame lejos,
dónde nadie me encuentre nunca,
para que solo tú puedas llegar a dónde estoy.
Y si aun así alguien me encuentra,
venderé mi alma entera,
mi cuerpo desnudo,
mis dedos de hombre,
mis sueños de poeta,
mi voz muerta,
que nunca despierta.
Ya que ni señas ni retratos,
ni nombres en la historia grabados,
harán que caiga en mi empeño de esperarte siempre.
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