Ayer lloró,
y yo reí.
No sabría explicar
cuán feliz me sentí.
Lloraba de rabia,
ambición frustrada.
Reía yo por verla,
pequeña, asustada.
Y esque ella no sabe,
ni siquiera imagina
lo que lloré yo por ella,
por quererla como mía.
A imaginar no alcanza
cuánto tiempo lloré poesía,
cuántos versos le dediqué.
¡Muchos más de los que parecía!
Ni siquiera sabe
cuánto daño me hacía
Verla y no hablarle,
un día y otro día.
Y yo, sí, lo sé.
Mi corazón, también.
Y explotó de júbilo cuando supe,
que ya no siendo mía,
él tampoco la querría.
Y así endulcé mi noche,
con macabra ironía.
Y esque por primera vez en mi vida,
el dolor me produce alegría.
Las manos tersas, correosas del trabajo con redes, del contacto con los peces caídos, del calor y el frío en continuo cambio, decidieron contar los viajes que vivieron, las aventuras que podían verse desde el camarote. Y comenzar con la más profunda de las inspiraciones: sirenas con las piernas de neón.
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martes, 24 de mayo de 2011
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