martes, 6 de abril de 2010

Peces de ciudad.


Paseo. Casa. Trabajo. ¿Te olvidaste del pan? Mensaje. Llamada perdida. Un pájaro. ¡Cómo está hoy la carretera! Coge la bufanda. Fuera hace frío. ¿Cómo te sientes? Como un pez de ciudad.

Se llamaba Eleane Delon la viajera que quiso enseñarme a besar en la Gare d'Austerlitz, primavera de un amor amarillo y fugaz como el sol del veranillo de San Martín. Hay quién dice que fui yo el primero en olvidar cuando en un si bemol de Jacques Brel me perdí "dans le port d'Amsterdam".

Desafiando el oleaje sin timón ni timonel, por mis sueños va, ligero de equipaje, como un cascarón de nuez, mi corazón de viaje, luciendo los tatuajes de un pasado bucanero, de un velero al abordaje, de un no te quiero querer.


-¿Y cómo huir cuando no quedan islas para naufragar?
-¿Al país donde los sabios se retiran del agravio de buscar labios que sacan de quicio?


Mentiras que ganan juicios tan sumarios que envilecen el cristal de los acuarios de los peces de ciudad, que perdieron las agallas en un banco de morralla, que nadan por no llorar.


jueves, 18 de marzo de 2010

Rima V

De mi voz,
tu música.
De mi oído,
tu escucha.
De mis ojos,
tu mirada.
De mis dedos,
tu sombra.
De mí,
tú toda.

En mi oído,
tu canto.
En mis manos,
tu tacto.
En mis dedos
tus deseos.
En mi cuerpo,
tu cuerpo.

De mi, tú.
De ti, tú.
De tu cuerpo y el mío,
tú.
¿Qué eres tú?
¿Qué soy yo?
Tú eres
lo que no soy yo.
Tú eres
mi creación.

Rima IV

Sin pieles,
sin mantos,
desnuda,
sin trapos.

Sin corsés,
ni medias,
ni mayas,
desnuda,
mujer,
desnuda.

Sin más abrigo
que tu piel,
sin más calzado
que tus piernas.
Desnuda,
mujer.

Para que no sienta
que hablo con otra,
para que crea
que eres tú la que se sonroja.
Desnuda.
Siempre desnuda.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Rima III

Pasas,
rozándome.
Y en tus aires,
de dulce fémina,
de escala mágica,
de nota suave,
de sedosa palabra,
llevas el alma,
esa que tanto me gusta,
esa de la que nadie
se adueña,
esa que es tuya,
y de ninguna otra.

Y la vuelves voz,
para decirme
"Recógeme".
Y yo,
vasallo fiel,
ardiente servidor,
te recogo,
te resguardo,
y caigo en tu tentación
de hacerte mía,
una noche más,
entre luces oscuras,
y el brillo de tus sombras.

Me llevas lejos;
los pies no pisan,
no sienten suelo.
Se van,
volando,
quién sabe cómo,
a ti.

Y el más esperado tesoro,
que guardas,
celosa,
casi con pánico,
me lo muestras,
para quitármelo,
y dejarme
sin aliento,
otra vez,
en pleno mes de marzo.

Me dices: "Déjame"
"Otro me llama"
Pienso,
que ese otro,
afortunado,
mortal,
caerá,
en ti,
cuerpo perfecto,
materia gris,
invisible en esencia.

Y sé,
que aún maldiciéndote,
ayer, hoy, mañana,
te querré encontrar siempre.
En mis noches,
callada,
susurrante,
cortante,
reconocible contorno,
voluptuoso,
placer para mis yemas.

Descanso para mi alma torturada.

lunes, 8 de marzo de 2010

Poesía. Rima II

Caderas, cuerpo y beso;
todo uno,
yo, en tu regazo,
lo espero, lo anhelo,
lo deseo.
¡Dame ese beso!

Esfera blanca,
ojo y mirada;
toda una,
contraste negro,
el de tu pupila mágica.
Cierras tus ventanas
¿y tu mirada?
¡No me la das!
¡La guardas!

Labios rojos,
cálidos, tuyos.
Bocado ardiente de pecado.
¿Dónde está ese beso
que tanto niegas?
¿Será que no me lo das?
¿Será que para otro lo dejas?
Tú no respondes.
Tú nunca dices nada.

Poesía. Rima I

Vas y vienes,
y en el camino,
te me pierdes.

Distraída,
me distraes,
Obnubilada,
me obnubilas.

Y tú,
ay si tú,
por un casual,
te giras,
decidida,
me decido,
y te digo:
"Quédate conmigo"
Quédate,
poesía roja,
pasión por labios,
vértigo en mis manos.

sábado, 20 de febrero de 2010

La marea

El rugido del mar suena, allá a lo lejos, tentador, y te dice entre susurros atronadores: "Ven"
Los granos de arena se pegan a tus pies, fríos, ambos, sensación extraña. ¿Principio de placer?
El agua moja tu pie, lo limpia, lo enfría. ¿Más?
La marea, la eterna fuerza incansable, el ir y el venir. Los recuerdos, te los deja ahí, tirados, sin dueño, olvidados, enterrados entre la arena.
Un poema tachado, unos borrones de más, una pluma seca, un bote de tinta en blanco.
La marea, el compás, el tiempo, el agua con sabor a sal, sigue intacta, o casi.
Inspiras el olor a mar.
La marea, aquélla vieja conocida. La marea, esa que tantas veces te bañó. La marea, ella, sigue viva, y vivirá después de tu muerte.
La marea, joven siempre, la marea.
Siempre ahí.
La marea, húmeda, helada.
La marea.
Y tú.