Me sobrepasa todo esto. No puedo seguir queriendo a quién no me quiere, pero a la vez no puedo dejar de sentir que le quiero. No puedo seguir pretendiendo que pasará algo, porque jamás ocurrirá nada. No puedo seguir soñando con imposibles, con dos pares de labios encontrados en una noche de casualidad con más alcohol que amor, con más pasión desenfrenada que desenfrenado corazón. No puedo seguir planteándome la vida como si fuera maravillosa, porque no lo es. Porque fue un puto sueño, una puta mierda, una puta mentira. No puedo seguir planteándome que todo es perfecto, que sonrío porque soy feliz, o que estoy triste porque los neonatos hayan decidido putearme y ponerme a prueba (más, todavía). No puedo seguir mintiéndole al mundo, o mintiéndome a mí mismo, más bien, diciéndome que todo va bien. Porque como dice Vetusta, "nadie se lo cree". No puedo seguir viviendo como vivo, con más horas que minutos en un día, con más latidos incongruentes que respiraciones significativas. Me muero por dentro y no tiene arreglo. No ahora, ni dentro de unos días. Me muero por dentro y caigo lento.
Mejor dicho, ya he caído, tiempo atrás.
No puedo seguir con esto. Abandono. Desisto en el intento. Porque mi vida se cansa, y esto ha ido demasiado lejos.
A veces creo que más bien debiera dedicar todo a mi amor a lo único que me hace completamente feliz en esta vida, que es describir lo que siento, lo que no me atrevo a decir, aquí.
11 de febrero de 2013, para que no lo olvide. Empieza el segundo cuatrimestre. La mierda se viene encima, y yo sigo aquí, porque no puedo abandonar.
No puedo hacer un montón de cosas, pero quiero.
Torn. Glee cover by Rachel Berry (Lea Michele)
Las manos tersas, correosas del trabajo con redes, del contacto con los peces caídos, del calor y el frío en continuo cambio, decidieron contar los viajes que vivieron, las aventuras que podían verse desde el camarote. Y comenzar con la más profunda de las inspiraciones: sirenas con las piernas de neón.
lunes, 11 de febrero de 2013
Let me love you.
Voy a quererte siempre. Porque aunque me sangren las entrañas, aunque se rompan uno a uno mis vasos (arterias, venas, capilares), aunque no haya oxígeno en mi cuerpo, ni agua, ni nada, seguiré queriéndote. Porque aunque me duela más que una quemadura, más que la más dolorosa de las muertes, no podré evitar ver esos ojos y no quererlos. Porque aunque esté muerto, te seguiré queriendo. Porque aunque me mates, te seguiré queriendo. Porque aunque tu cielo y mi infierno sean los lugares más alejados del universo, allí estaría yo, en tu cielo, con mis hombros, para apoyarte siempre, y seguir escribiendo las rimas de mi vida. Porque no volveré a amarte, por lo que he vivido, pero tampoco volveré a dejar de quererte, por lo que he soñado. Porque nunca querer me salió tan caro, porque nunca mis dedos se quebraron tanto al tener que escribir.
Porque aunque no me dejes quererte, siempre me fue lo imposible.
miércoles, 23 de enero de 2013
Volviéndome loco.
Hace unas semanas que mi vida está del revés. Semanas que podían pasar lento o despacio, como en el resto del año, pero que decidían pasar infinitamente despacio, no sé si con motivo de buscar en mí un castigo que haya buscado por algo (aunque tengo demasiados pecados que confesar, muchos de los cuales debieran o debiesen ser castigados, sin duda) o por el simple placer de escuchar de mis labios: "Corred, pasad, hacedme olvidar".
El caso es que fueron semanas asquerosas, bonitas, odiosas, perfectas. Semanas lógicas y de cordura inexistente a la vez, semanas con dos lunes, y tres, y sin ningún viernes o sábado. Semanas que se quedaron dentro de mí, y se quedarán si nadie lo remedia dentro de mí por y para siempre.
Y claro, yo me volvía loco.
Por mi cabeza pasaban muchas cosas, muchas palabras, muchos sentimientos, mucho cariño, mucho miedo, mucho odio, mucho dolor, mucha alegría, muchos latidos que latían por nadie. Incongruencias de lo más brutal, árboles que nacían de las llamas, y llamas que flotaban en el mar. El cielo era gris aún cuando había sol, y a veces la lluvia le arrancaba fogonazos de luz que iluminaban mi cara por las mañanas. Las canciones se me atragantaban como nunca, y yo procuraba ocupar mi mente con alguna otra cosa, pero era difícil. Mi voz sonaba mejor que nunca, porque cantaba para alguien, pero mis letras eran negras unos días, blancas otros, gama intermedia de grises siempre.
En mi cabeza habitaban ideas, disculpas (que a veces me hacían pensar si no estaría perdiendo realmente la cabeza), y convirtiendo mi cuerpo, mis sentidos, en una tétrica balanza en la que el punto medio era imposible de alcanzar, y lo peor de todo, era que yo lo sabía.
Se invirtieron mis neuronas, mis ideas, mis pensamientos, hoy que es lunes. Hoy, en cambio, martes, volvían a ser como anteayer, domingo. La pausa no existía, y en el epicentro de todo, siempre lo mismo, siempre las mismas palabras, siempre los mismos sentimientos, siempre el mismo cariño, siempre el mismo miedo, siempre el mismo odio, siempre el mismo dolor, siempre la misma alegría, siempre los mismos latidos que latían por nadie.
Navegué en mares con olas que me triplicaban en altura (algo que tampoco es muy difícil), solo, en busca de la tierra prometida, de un punto en medio del mar de náufragos en el que me hallaba, con fondo cadavérico y cielo inalcanzable.
Me volví loco.
Mis neuronas albergaron todos los sentimientos del mundo a la vez, y mis canciones solían terminar en cuatro o cinco lágrimas, porque nunca he sido, por desgracia, de lágrima fácil, con lo que ayuda a calmarse eso.
Y yo contra el mundo, aunque suene ridículo, o parece que peque de modestia (que así es, pero no ahora mismo), luchaba por levantar la bandera de mi vida.
El tiempo pasa, y nada es lo mismo, ni siquiera prometerme que todo sería lo mismo ha servido para que lo sea.
Y aquí estoy yo, aprendiendo a sanar, sin la menor idea de como sanarme. Luchando por algo que no busqué y me encontré, con más lágrimas contenidas que sonrisas por dibujar, con más latidos acelerados e hipertensivos que relajados. Volviéndome loco, con una cordura lúcida, eso sí, para seguir convirtiéndome en el médico que no se sabe sanar.
El caso es que fueron semanas asquerosas, bonitas, odiosas, perfectas. Semanas lógicas y de cordura inexistente a la vez, semanas con dos lunes, y tres, y sin ningún viernes o sábado. Semanas que se quedaron dentro de mí, y se quedarán si nadie lo remedia dentro de mí por y para siempre.
Y claro, yo me volvía loco.
Por mi cabeza pasaban muchas cosas, muchas palabras, muchos sentimientos, mucho cariño, mucho miedo, mucho odio, mucho dolor, mucha alegría, muchos latidos que latían por nadie. Incongruencias de lo más brutal, árboles que nacían de las llamas, y llamas que flotaban en el mar. El cielo era gris aún cuando había sol, y a veces la lluvia le arrancaba fogonazos de luz que iluminaban mi cara por las mañanas. Las canciones se me atragantaban como nunca, y yo procuraba ocupar mi mente con alguna otra cosa, pero era difícil. Mi voz sonaba mejor que nunca, porque cantaba para alguien, pero mis letras eran negras unos días, blancas otros, gama intermedia de grises siempre.
En mi cabeza habitaban ideas, disculpas (que a veces me hacían pensar si no estaría perdiendo realmente la cabeza), y convirtiendo mi cuerpo, mis sentidos, en una tétrica balanza en la que el punto medio era imposible de alcanzar, y lo peor de todo, era que yo lo sabía.
Se invirtieron mis neuronas, mis ideas, mis pensamientos, hoy que es lunes. Hoy, en cambio, martes, volvían a ser como anteayer, domingo. La pausa no existía, y en el epicentro de todo, siempre lo mismo, siempre las mismas palabras, siempre los mismos sentimientos, siempre el mismo cariño, siempre el mismo miedo, siempre el mismo odio, siempre el mismo dolor, siempre la misma alegría, siempre los mismos latidos que latían por nadie.
Navegué en mares con olas que me triplicaban en altura (algo que tampoco es muy difícil), solo, en busca de la tierra prometida, de un punto en medio del mar de náufragos en el que me hallaba, con fondo cadavérico y cielo inalcanzable.
Me volví loco.
Mis neuronas albergaron todos los sentimientos del mundo a la vez, y mis canciones solían terminar en cuatro o cinco lágrimas, porque nunca he sido, por desgracia, de lágrima fácil, con lo que ayuda a calmarse eso.
Y yo contra el mundo, aunque suene ridículo, o parece que peque de modestia (que así es, pero no ahora mismo), luchaba por levantar la bandera de mi vida.
El tiempo pasa, y nada es lo mismo, ni siquiera prometerme que todo sería lo mismo ha servido para que lo sea.
Y aquí estoy yo, aprendiendo a sanar, sin la menor idea de como sanarme. Luchando por algo que no busqué y me encontré, con más lágrimas contenidas que sonrisas por dibujar, con más latidos acelerados e hipertensivos que relajados. Volviéndome loco, con una cordura lúcida, eso sí, para seguir convirtiéndome en el médico que no se sabe sanar.
jueves, 17 de enero de 2013
Nada.
No soy nada, ni nada fui. Nada más que aire, un juego, un sueño. Nada. Nada que quede para siempre, simplemente soy nada. Absoluto vacío. Sin límites. Nada, tras nada. Un blanco impermeable que no deja escapar nada, porque nada guarda, porque nada es. Nada, no soy nada, ni nada fui.
Nada.
Nada.
sábado, 22 de diciembre de 2012
Rima XLII Por querer...
Quiero, por querer,
que la música no se acabe nunca,
que seas tú quién me escucha,
que mi voz te pertenezca,
mientras te beso suave,
en la nuca.
Mi voz,
que es mi mayor orgullo,
tuya,
porque eres el mejor arrullo.
Mi voz,
mía,
tuya,
en tu boca,
poesía.
Quiero, por querer,
que los límites tiendan a cero,
por una vez,
supuesto ejercicio teórico-matemático,
sin alterar órdenes, ni espacios,
ni vórtices, ni tempos,
ni sonidos, ni latidos.
Quiero, por querer,
que el cero tuyo y mío
sean el mismo.
Que tú en tus dimensiones,
y yo en mis frecuencias,
seamos uno.
Mis frecuencias,
cardíacas,
sonoras,
tuyas,
para que hagas con ellas,
lo que quieras.
Lo que quieras,
porque, por querer,
querría poder decir:
"No me importa"
Y sin embargo,
sé que sabes que sé
que lo que pienso es
"Cógelas".
Mi voz y mi frecuencia,
que por querer,
querría que fuesen solo
regalos tuyos,
en mi ausencia.
Quiero, por querer,
que me quieras,
pero sé,
por regla de tres,
el porcentaje cero
de que pueda suceder.
viernes, 21 de diciembre de 2012
Débedas.
"Non sei xa se contigo ou sen ti. Porque cando non es ti, é o teu recordo, e o meu corazón, taconeando, que nunca quere ir amodo. E se é sen ti, os reloxos xóganme continuas malas pasadas, porque só ti es ti.Morro contigo e sen ti, de igual xeito que un alcohólico ou un fumador con ou sen a súa droga.E o miocardio non volve nacer, non é eterno."Quérote", e suponse que non. E non sinto máis que dor, corazón. Porque as miñas catro cavidades cardiacas están ocupadas contigo, e ata iso de ser sanador vólvese menos atractivo se un non é quen de sanarse a si mesmo.
Só podo pedirte unha única cousa: bótame de menos, ó teu xeito.
Eu, que nunca pretendín nada, que nunca soñei máis aló do que significa pisar Broadway, puiden elevar uns centímetros os pés, e pese a todo, foi grazas a ti. Porque nunca quixen que se rompese o meu corazón, só que se tomase un "break".
Os 3 caracteres propios irán comigo sempre, con ou sen colesterol".
miércoles, 19 de diciembre de 2012
Las palabras que nunca debí escribir.
"Porque me duele respirar más que dejar de hacerlo. Porque nunca hemos jugado con la misma baraja, y ahora, ni siquiera hay revancha. Porque yo te quiero, y a ti todo te da igual.
Y que todo siga como antes, no es una necesidad, es un imposible".
Until my dying day.
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No sé si es peor que las palabras existan, que sea capaz de darles forma, o que verdaderamente piense que es lo que más me ejemplifica, lo que muestra qué soy, quién, y los minutos que dedico al día a todo esto que me supera poquito a poco, y fuera todo va bien.
Apuntador, deme la voz, para destrozar mi garganta, y no vuelva a hablar jamás. Porque decir cualquier cosa, sería mentir.
Jugué conociendo las normas, y me las salté, y ahora pago las consecuencias. Acción-Reacción. Y yo muriendo, más que menos. Porque lo que más me mata es conocerme como me conozco, y saber que siempre voy a estar dispuesto a ser el hombro que sirve de apoyo, a ser el que seque las lágrimas, el eternamente oculto confidente, aunque a ti ya no te haga falta. Aunque a ti ya todo te da igual.
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A veces creo que crear personajes será la más fácil tarea a la que me enfrente cuando escriba algo parecido a una novela.
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