Confusión.
Del caos que genera la confusión sólo surge más confusíón. Y si el nombre del caos es el malditamente equivocado, la confusión puede llegar a más.
Te alegras, pero tienes ganas de llorar. No sabes por qué. Piensas que necesitas, y sin embargo sabes que no es así, que no es cierto. Que todo es parte de la confusión. Nada tiene sentido, y por eso no puedes pensar en nada, ni siguiendo algún tipo de criterio, todos son igual de confusos que tu, tus circunstancias y el mundo que te rodea.
Piensas que, quizá eso era lo que querías. Aunque no sea el momento perfecto, aunque no tengas tiempo para ponerte con eso y ciertamente el tiempo apremie más que nunca.
Sientes que el estado caótico en el que te encuentras tiene muchas salidas, muchos remedios.
Explotar posiblemente fuera el mejor, pero las consecuencias podrían ser devastadoras.
Asique toca pensar algo que no sea tan... dramático.
Cambios.
A lo mejor, con suerte, algunos serán para mejor.
Reciprocidad entre lo que sientes, lo que creas, lo que haces, como actúas y tu mente. Tu caos sólo son sentimientos y los sentimientos actúan por si solos.
Las contradicciones no te llegán de ti para ti, llegan del mundo.
Olvidar todo, decir que ya está. No serviría de nada. Eso sí que es cierto.
Saber que nunca volverás a pasar por lo mismo es toda una garantía de que al menos algo irá bien... pero, exactamente ¿qué?
El caos es horrible. Y perfecto. Perfectamente perfecto en el orden desordenado del mundo que ordena la cabeza que intenta ordenar tus sentimientos y emociones.
24 horas al día. A 1020 loop-doop por hora.
Las manos tersas, correosas del trabajo con redes, del contacto con los peces caídos, del calor y el frío en continuo cambio, decidieron contar los viajes que vivieron, las aventuras que podían verse desde el camarote. Y comenzar con la más profunda de las inspiraciones: sirenas con las piernas de neón.
domingo, 18 de julio de 2010
jueves, 15 de julio de 2010
Sirenas con las piernas de neón
Se paró, delante del mar, como cada tarde, para recordar cómo había salido vivo de todo aquello, con un recuerdo bello y terrorífico de lo que había sucedido.
Esperaba encontrar detras de la misma roca que cerraba la playa una de aquellas mujeres, bellas como la luna llena, con voces tan puras y delicadas como el hielo que se deshace, con sus pelos mojados, sensuales, acariciándoles la espalda, con sus senos turgentes, redondos, inmaculados, perfectos, pecado de la mirada y el deseo, sus curvas perfectas, y sus largas colas, ocultas bajo la sábana negra líquida, duras, regias, escamosas.
Todavía no sabía qué había pasado exactamente. El recuerdo era sólo un recuerdo. Y un sentimiento contradictorio, lo empujaba y lo alejaba del deseo y la muerte, de la luz y la oscuridad, del placer y el mas terrible de los horrores.
Esperaba encontrar detras de la misma roca que cerraba la playa una de aquellas mujeres, bellas como la luna llena, con voces tan puras y delicadas como el hielo que se deshace, con sus pelos mojados, sensuales, acariciándoles la espalda, con sus senos turgentes, redondos, inmaculados, perfectos, pecado de la mirada y el deseo, sus curvas perfectas, y sus largas colas, ocultas bajo la sábana negra líquida, duras, regias, escamosas.
Todavía no sabía qué había pasado exactamente. El recuerdo era sólo un recuerdo. Y un sentimiento contradictorio, lo empujaba y lo alejaba del deseo y la muerte, de la luz y la oscuridad, del placer y el mas terrible de los horrores.
martes, 13 de julio de 2010
Bad Romance
-No sé. Es algo difícil de explicar. Algo raro. Un "algo" que no tiene sentido. Y hace que me pierda.
-No puedo entender(te).
-Ni yo me comprendo a mí mismo.
-¿Entonces? ¿Qué?
-Nada. Esque si no te escucho, si pienso que no te escucho por ser gilipollas, por creer lo que no es, creo que sólo me queda lamentarme, y pensar que ojalá no hubiese sido tan idiota.
-...
-No puedo entender(te).
-Ni yo me comprendo a mí mismo.
-¿Entonces? ¿Qué?
-Nada. Esque si no te escucho, si pienso que no te escucho por ser gilipollas, por creer lo que no es, creo que sólo me queda lamentarme, y pensar que ojalá no hubiese sido tan idiota.
-...
sábado, 10 de julio de 2010
De casualidad
El tiempo pasa, y cuándo nos damos cuenta, olvidamos lo que necesitábamos entonces, y lo que necesitamos ahora. Y todo se mezcla, incompresiblemente, en nosotros. Cambiantes, erróneos, imperfectos. Hijos de la Humanidad. Simples motas del proceso evolutivo, de la inmensa línea, del tiempo 0 y de la vida paleolítica.
Yo, que estuve a punto de...
Yo, que me quise perder en sueños plásticos
Yo, que quise aprender a volar
Yo, que soñé con ver el mar con los ojos cerrados
Yo, que me cansé de intentar comprender
Yo, soy débil.
Y a la mínima, mis cimientos explotarán y no aguantarán más peso. Pero, eso sí, también soy fuerte.
Siempre te das cuenta cuando lo pasas, ¿verdad?
Quiero dejar de ser una simple mota, para que las motas hagan de mi un nombre, un hombre.
Yo. Eu. Ego. I. Je. Io. Ich.
Sobrevivo de casualidad.
Yo, que estuve a punto de...
Yo, que me quise perder en sueños plásticos
Yo, que quise aprender a volar
Yo, que soñé con ver el mar con los ojos cerrados
Yo, que me cansé de intentar comprender
Yo, soy débil.
Y a la mínima, mis cimientos explotarán y no aguantarán más peso. Pero, eso sí, también soy fuerte.
Siempre te das cuenta cuando lo pasas, ¿verdad?
Quiero dejar de ser una simple mota, para que las motas hagan de mi un nombre, un hombre.
Yo. Eu. Ego. I. Je. Io. Ich.
Sobrevivo de casualidad.
martes, 18 de mayo de 2010
Claro! Mira que son parvo!
A resposta estaba diante de min. Nos mesmos fociños. Como a ovella que se ve reflexada nos ollos do lobo e imaxina a súa sangue quente percorrendo os caninos dentudos do can fero.
E que non podía ser máis obvia. A resposta era simple, era sinxela, máis que nada.
As cousas simples. Claro... Iso era... Non tiña que coñecer nada, non tiña que ir máis aló, a vida non era viaxar sen máis, rumbo Norte, sen coñecer nin sequera o uso da brúxula. Non, a vida era decatarse de que se vive, e recoller das cousas simples a felicidade que está nas pequenas partículas, acurrucada entres os electróns e o núcleo do átomo infinitesimal.
E percibes, cando te das conta, o pouco que costa sorrir. E que é certo, iso sobre todo, non son contos, non son tolerías dun cordo que perdeu a cordura... NON! É CERTO!
Mira, mira, fíxate ti senon... Un paxaro pia forte sobre unha fonte, a luz do sol levántate da cama con algo máis de enerxía do habitual (algo máis?), o sonriso de aquel de aló, os reencontros, a saída do tunel pasaxeiro (claro coño, claro, que era pasaxeiro), as mans xuntas de dous amigos, sentir as engurras do tempo nun aloumiño intenso, ver nos ollos de alguén que non pode vivir sen ti...
Sorrís. E daste conta de algo que che ten que servir, pra sempre, porque se non fose así, serías certamente imbécil.
Tes a felicidade ó alcance da mao. E a terás sempre. A vida non é a sua busca, é o descubrir. O aprender a ter o xusto para facer espertar dunha folla murcha todo o que da de sí.
E, sorrir, sen máis. Contento, feliz, co vento sempre o teu favor, maxinando no serán a beleza do seguinte espertar.
E que non podía ser máis obvia. A resposta era simple, era sinxela, máis que nada.
As cousas simples. Claro... Iso era... Non tiña que coñecer nada, non tiña que ir máis aló, a vida non era viaxar sen máis, rumbo Norte, sen coñecer nin sequera o uso da brúxula. Non, a vida era decatarse de que se vive, e recoller das cousas simples a felicidade que está nas pequenas partículas, acurrucada entres os electróns e o núcleo do átomo infinitesimal.
E percibes, cando te das conta, o pouco que costa sorrir. E que é certo, iso sobre todo, non son contos, non son tolerías dun cordo que perdeu a cordura... NON! É CERTO!
Mira, mira, fíxate ti senon... Un paxaro pia forte sobre unha fonte, a luz do sol levántate da cama con algo máis de enerxía do habitual (algo máis?), o sonriso de aquel de aló, os reencontros, a saída do tunel pasaxeiro (claro coño, claro, que era pasaxeiro), as mans xuntas de dous amigos, sentir as engurras do tempo nun aloumiño intenso, ver nos ollos de alguén que non pode vivir sen ti...
Sorrís. E daste conta de algo que che ten que servir, pra sempre, porque se non fose así, serías certamente imbécil.
Tes a felicidade ó alcance da mao. E a terás sempre. A vida non é a sua busca, é o descubrir. O aprender a ter o xusto para facer espertar dunha folla murcha todo o que da de sí.
E, sorrir, sen máis. Contento, feliz, co vento sempre o teu favor, maxinando no serán a beleza do seguinte espertar.
viernes, 7 de mayo de 2010
Por querer saber de máis...
Son tempos difíciles. Levo escoitando esa frase, esa PUTA frase case dende que nacín. Son tempos difíciles, qué coño. Eu, ignorantemente feliz, trataba, desgraciado de min, de tentar comprender tales significados, das caras de preocupación que poñía a xente cando se daban o luxo de ser analistas sociais por uns minutos, eu quería vencellar esa frase a algún feito que poidese dar conta do verdadeiro significado. Eu, parvo sempre, tiña unhas ganas terribles de sentir que podía con máis do que realmente podía, iso da "madurez" e toda esa merda que cando tes que demostrar que o tes, non o fas, por capricho, por que non a tes de verdade, ou por que simplemente queres demostrarlle ó mundo o bo que eres agochando o que sintes. Eu, imbécil, subnormal, gilipollas, e unhas cantas cousas máis, eu, que sempre quixen sabelo todo, quería saber que carallo podía significar aquilo.
A resposta non estaba na plastilina, iso seguro. Ela non falaba.
Pasaron os anos, e eu, fun pouco a pouco dándolle senso a esa merda de frase, fun entendendo pouco a pouco todo o que significaba, o que conlevaba, e eu, mágoa non sabelo antes, descubrín que "son tempos difíciles" dificulta seriamente ós bos tempos.
E canto máis o entendo, canto máis sei de que vai, máis disconforme se me antolla a realidade vectorial V3 e menos linearmente depende o ser feliz do vivir.
Mágoa que de ser feliz todavía non teña un significado completo.
Mágoa que eu, coas ansias de saber, decidise coñecer o peor que se pode chegar a coñecer.
Dor e o que sinto cando descubro, co paso do tempo, o erróneo e perigoso que é querer coñecer de máis.
E eu aínda non aprendín a ser dolorosamente feliz, por que non sei ser feliz.
A resposta non estaba na plastilina, iso seguro. Ela non falaba.
Pasaron os anos, e eu, fun pouco a pouco dándolle senso a esa merda de frase, fun entendendo pouco a pouco todo o que significaba, o que conlevaba, e eu, mágoa non sabelo antes, descubrín que "son tempos difíciles" dificulta seriamente ós bos tempos.
E canto máis o entendo, canto máis sei de que vai, máis disconforme se me antolla a realidade vectorial V3 e menos linearmente depende o ser feliz do vivir.
Mágoa que de ser feliz todavía non teña un significado completo.
Mágoa que eu, coas ansias de saber, decidise coñecer o peor que se pode chegar a coñecer.
Dor e o que sinto cando descubro, co paso do tempo, o erróneo e perigoso que é querer coñecer de máis.
E eu aínda non aprendín a ser dolorosamente feliz, por que non sei ser feliz.
martes, 6 de abril de 2010
Peces de ciudad.

Paseo. Casa. Trabajo. ¿Te olvidaste del pan? Mensaje. Llamada perdida. Un pájaro. ¡Cómo está hoy la carretera! Coge la bufanda. Fuera hace frío. ¿Cómo te sientes? Como un pez de ciudad.
Se llamaba Eleane Delon la viajera que quiso enseñarme a besar en la Gare d'Austerlitz, primavera de un amor amarillo y fugaz como el sol del veranillo de San Martín. Hay quién dice que fui yo el primero en olvidar cuando en un si bemol de Jacques Brel me perdí "dans le port d'Amsterdam".
Desafiando el oleaje sin timón ni timonel, por mis sueños va, ligero de equipaje, como un cascarón de nuez, mi corazón de viaje, luciendo los tatuajes de un pasado bucanero, de un velero al abordaje, de un no te quiero querer.
-¿Y cómo huir cuando no quedan islas para naufragar?
-¿Al país donde los sabios se retiran del agravio de buscar labios que sacan de quicio?
Mentiras que ganan juicios tan sumarios que envilecen el cristal de los acuarios de los peces de ciudad, que perdieron las agallas en un banco de morralla, que nadan por no llorar.
Se llamaba Eleane Delon la viajera que quiso enseñarme a besar en la Gare d'Austerlitz, primavera de un amor amarillo y fugaz como el sol del veranillo de San Martín. Hay quién dice que fui yo el primero en olvidar cuando en un si bemol de Jacques Brel me perdí "dans le port d'Amsterdam".
Desafiando el oleaje sin timón ni timonel, por mis sueños va, ligero de equipaje, como un cascarón de nuez, mi corazón de viaje, luciendo los tatuajes de un pasado bucanero, de un velero al abordaje, de un no te quiero querer.
-¿Y cómo huir cuando no quedan islas para naufragar?
-¿Al país donde los sabios se retiran del agravio de buscar labios que sacan de quicio?
Mentiras que ganan juicios tan sumarios que envilecen el cristal de los acuarios de los peces de ciudad, que perdieron las agallas en un banco de morralla, que nadan por no llorar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)