De mi voz,
tu música.
De mi oído,
tu escucha.
De mis ojos,
tu mirada.
De mis dedos,
tu sombra.
De mí,
tú toda.
En mi oído,
tu canto.
En mis manos,
tu tacto.
En mis dedos
tus deseos.
En mi cuerpo,
tu cuerpo.
De mi, tú.
De ti, tú.
De tu cuerpo y el mío,
tú.
¿Qué eres tú?
¿Qué soy yo?
Tú eres
lo que no soy yo.
Tú eres
mi creación.
Las manos tersas, correosas del trabajo con redes, del contacto con los peces caídos, del calor y el frío en continuo cambio, decidieron contar los viajes que vivieron, las aventuras que podían verse desde el camarote. Y comenzar con la más profunda de las inspiraciones: sirenas con las piernas de neón.
jueves, 18 de marzo de 2010
Rima IV
Sin pieles,
sin mantos,
desnuda,
sin trapos.
Sin corsés,
ni medias,
ni mayas,
desnuda,
mujer,
desnuda.
Sin más abrigo
que tu piel,
sin más calzado
que tus piernas.
Desnuda,
mujer.
Para que no sienta
que hablo con otra,
para que crea
que eres tú la que se sonroja.
Desnuda.
Siempre desnuda.
sin mantos,
desnuda,
sin trapos.
Sin corsés,
ni medias,
ni mayas,
desnuda,
mujer,
desnuda.
Sin más abrigo
que tu piel,
sin más calzado
que tus piernas.
Desnuda,
mujer.
Para que no sienta
que hablo con otra,
para que crea
que eres tú la que se sonroja.
Desnuda.
Siempre desnuda.
miércoles, 10 de marzo de 2010
Rima III
Pasas,
rozándome.
Y en tus aires,
de dulce fémina,
de escala mágica,
de nota suave,
de sedosa palabra,
llevas el alma,
esa que tanto me gusta,
esa de la que nadie
se adueña,
esa que es tuya,
y de ninguna otra.
Y la vuelves voz,
para decirme
"Recógeme".
Y yo,
vasallo fiel,
ardiente servidor,
te recogo,
te resguardo,
y caigo en tu tentación
de hacerte mía,
una noche más,
entre luces oscuras,
y el brillo de tus sombras.
Me llevas lejos;
los pies no pisan,
no sienten suelo.
Se van,
volando,
quién sabe cómo,
a ti.
Y el más esperado tesoro,
que guardas,
celosa,
casi con pánico,
me lo muestras,
para quitármelo,
y dejarme
sin aliento,
otra vez,
en pleno mes de marzo.
Me dices: "Déjame"
"Otro me llama"
Pienso,
que ese otro,
afortunado,
mortal,
caerá,
en ti,
cuerpo perfecto,
materia gris,
invisible en esencia.
Y sé,
que aún maldiciéndote,
ayer, hoy, mañana,
te querré encontrar siempre.
En mis noches,
callada,
susurrante,
cortante,
reconocible contorno,
voluptuoso,
placer para mis yemas.
Descanso para mi alma torturada.
rozándome.
Y en tus aires,
de dulce fémina,
de escala mágica,
de nota suave,
de sedosa palabra,
llevas el alma,
esa que tanto me gusta,
esa de la que nadie
se adueña,
esa que es tuya,
y de ninguna otra.
Y la vuelves voz,
para decirme
"Recógeme".
Y yo,
vasallo fiel,
ardiente servidor,
te recogo,
te resguardo,
y caigo en tu tentación
de hacerte mía,
una noche más,
entre luces oscuras,
y el brillo de tus sombras.
Me llevas lejos;
los pies no pisan,
no sienten suelo.
Se van,
volando,
quién sabe cómo,
a ti.
Y el más esperado tesoro,
que guardas,
celosa,
casi con pánico,
me lo muestras,
para quitármelo,
y dejarme
sin aliento,
otra vez,
en pleno mes de marzo.
Me dices: "Déjame"
"Otro me llama"
Pienso,
que ese otro,
afortunado,
mortal,
caerá,
en ti,
cuerpo perfecto,
materia gris,
invisible en esencia.
Y sé,
que aún maldiciéndote,
ayer, hoy, mañana,
te querré encontrar siempre.
En mis noches,
callada,
susurrante,
cortante,
reconocible contorno,
voluptuoso,
placer para mis yemas.
Descanso para mi alma torturada.
lunes, 8 de marzo de 2010
Poesía. Rima II
Caderas, cuerpo y beso;
todo uno,
yo, en tu regazo,
lo espero, lo anhelo,
lo deseo.
¡Dame ese beso!
Esfera blanca,
ojo y mirada;
toda una,
contraste negro,
el de tu pupila mágica.
Cierras tus ventanas
¿y tu mirada?
¡No me la das!
¡La guardas!
Labios rojos,
cálidos, tuyos.
Bocado ardiente de pecado.
¿Dónde está ese beso
que tanto niegas?
¿Será que no me lo das?
¿Será que para otro lo dejas?
Tú no respondes.
Tú nunca dices nada.
todo uno,
yo, en tu regazo,
lo espero, lo anhelo,
lo deseo.
¡Dame ese beso!
Esfera blanca,
ojo y mirada;
toda una,
contraste negro,
el de tu pupila mágica.
Cierras tus ventanas
¿y tu mirada?
¡No me la das!
¡La guardas!
Labios rojos,
cálidos, tuyos.
Bocado ardiente de pecado.
¿Dónde está ese beso
que tanto niegas?
¿Será que no me lo das?
¿Será que para otro lo dejas?
Tú no respondes.
Tú nunca dices nada.
Poesía. Rima I
Vas y vienes,
y en el camino,
te me pierdes.
Distraída,
me distraes,
Obnubilada,
me obnubilas.
Y tú,
ay si tú,
por un casual,
te giras,
decidida,
me decido,
y te digo:
"Quédate conmigo"
Quédate,
poesía roja,
pasión por labios,
vértigo en mis manos.
y en el camino,
te me pierdes.
Distraída,
me distraes,
Obnubilada,
me obnubilas.
Y tú,
ay si tú,
por un casual,
te giras,
decidida,
me decido,
y te digo:
"Quédate conmigo"
Quédate,
poesía roja,
pasión por labios,
vértigo en mis manos.
sábado, 20 de febrero de 2010
La marea
El rugido del mar suena, allá a lo lejos, tentador, y te dice entre susurros atronadores: "Ven"
Los granos de arena se pegan a tus pies, fríos, ambos, sensación extraña. ¿Principio de placer?
El agua moja tu pie, lo limpia, lo enfría. ¿Más?
La marea, la eterna fuerza incansable, el ir y el venir. Los recuerdos, te los deja ahí, tirados, sin dueño, olvidados, enterrados entre la arena.
Un poema tachado, unos borrones de más, una pluma seca, un bote de tinta en blanco.
La marea, el compás, el tiempo, el agua con sabor a sal, sigue intacta, o casi.
Inspiras el olor a mar.
La marea, aquélla vieja conocida. La marea, esa que tantas veces te bañó. La marea, ella, sigue viva, y vivirá después de tu muerte.
La marea, joven siempre, la marea.
Siempre ahí.
La marea, húmeda, helada.
La marea.
Y tú.
Los granos de arena se pegan a tus pies, fríos, ambos, sensación extraña. ¿Principio de placer?
El agua moja tu pie, lo limpia, lo enfría. ¿Más?
La marea, la eterna fuerza incansable, el ir y el venir. Los recuerdos, te los deja ahí, tirados, sin dueño, olvidados, enterrados entre la arena.
Un poema tachado, unos borrones de más, una pluma seca, un bote de tinta en blanco.
La marea, el compás, el tiempo, el agua con sabor a sal, sigue intacta, o casi.
Inspiras el olor a mar.
La marea, aquélla vieja conocida. La marea, esa que tantas veces te bañó. La marea, ella, sigue viva, y vivirá después de tu muerte.
La marea, joven siempre, la marea.
Siempre ahí.
La marea, húmeda, helada.
La marea.
Y tú.
miércoles, 10 de febrero de 2010
Amarillo
¿Cómo decirle que la quería?
¿Acaso le importaba lo que Miguel pensase?
Ella seguía allí. Impertérrita. Una explicación más. Una mañana más. Sus rasgos volvían a hacer que la clase pareciera flotar, y la voz de la profesora fuese más mística y etérea que nunca, y sus conceptos... ¿ A quién le importaban esos conceptos, completos sinsentidos?
No, no. Céntrate. Estas en clase. Miguel ya empieza a sospechar, y si das indicios, normal que lo haga, es tu amigo de toda la vida, joder, que no es tonto, que te conoce.
Hoy su pelo parece de oro. Me cago en la puta, ¡qué ñoño me estoy volviendo! Pero es que, no sé...
Su cara lo dice todo, es un enigma, un crucigrama por completar, una página de prensa sin noticias, una redacción impresa sin caracteres, el todo sin el nada, nada. Páginas de prensa amarillas, quemadas, usadas por los rayos del sol. Doradas.
Como su pelo.
¿Acaso le importaba lo que Miguel pensase?
Ella seguía allí. Impertérrita. Una explicación más. Una mañana más. Sus rasgos volvían a hacer que la clase pareciera flotar, y la voz de la profesora fuese más mística y etérea que nunca, y sus conceptos... ¿ A quién le importaban esos conceptos, completos sinsentidos?
No, no. Céntrate. Estas en clase. Miguel ya empieza a sospechar, y si das indicios, normal que lo haga, es tu amigo de toda la vida, joder, que no es tonto, que te conoce.
Hoy su pelo parece de oro. Me cago en la puta, ¡qué ñoño me estoy volviendo! Pero es que, no sé...
Su cara lo dice todo, es un enigma, un crucigrama por completar, una página de prensa sin noticias, una redacción impresa sin caracteres, el todo sin el nada, nada. Páginas de prensa amarillas, quemadas, usadas por los rayos del sol. Doradas.
Como su pelo.
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